¡Cómo no sentir trinar a la luna,
asomándose graciosa,
por entre el follaje denso
de las nubes invernales!
¡Cómo no disfrutar de la danza
de estrellas fosforescentes,
titilando ausentes en el cielo estival!
Si es que la dicha es una vocación
poco corriente e inimaginada,
que conlleva hasta la imbecilidad
el mimo liviano y zalamero,
duro me resulta negar
el apetito morboso que
encandila desde mi niñez más lejana
la dicha esquiva y veleidosa.
¿Será lo que guardo entre
mis manos tan poca cosa ?
¿Será que humillación y miseria
han devastado cualquier vocación
de ser feliz, impidiendo crecer,
madurar, arrancar del miedo
del ser yo, de tener identidad?
Oscilo a través de una pared invisible,
abstrayendo instantes de satisfacciones,
perdiéndome en la bruma de momentos
más extensos y permanentes.
He sido presa precoz de otros,
confiando y desconfiando alternadamente,
permanentemente, paradojalmente …
Nadie ha sido tan dotada para la felicidad,
tampoco nadie la ha rechazado tan absurdamente,
perdiéndose cual caudal de arena
fluyente entre los dedos de unas manos sin piel,
que se escabulle como brisa del sur,
helada y permanente, entre riscos de hielo …
Yo creía que podría esperar esa circunstancia
y recibir la dicha y hacerla mi experiencia,
mas me pierdo y no puedo encontrarme,
yo siempre creí … yo creía … yo no puedo …
la realidad se me hubiese escapado …
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