Una mancha agreste, en el recuerdo, aparece de vez en cuando, Nubla mi sentimiento, Nubla mis quereres Nubla mis verdades e idiotiza mi razón. Es cruel el recuerdo, Pero es más cruel la esperanza, aquella que siempre estuvo. Es cruel porque me abandona, y es más cruel que todo, Porque al abandonarme me deja solo, y la soledad, como sabes, hermana, como siempre, me ha matado. Vuelve a hacerlo, silenciosa, sola, una y otra vez, reiteradamente, con las mismas armas, de la misma forma, traicionera, artera, sin siquiera dejar que me dé cuenta, de cómo me absorbe, cómo se inserta en mi tiempo, que era tu tiempo, cómo absorbe mi espacio, que era tu espacio, el que me habías construido, el que te había hecho, Y pierdo la ruta, Se me nubla el destino, me olvido de lo querido,
Del mar inmenso Y profundo, El que tanto añoro, El que admiro Y temo, por su azul eterno, por su braveza imponente, por su ímpetu salvaje, mi mar Se vuelve fangoso, Barroso, maloliente, cementerio de vida, y pierde su azul y su fuerza, y se me pierde, y no encuentro su horizonte, con su cielo cercano y celeste, El que me protegía, El que besaba mi mar fuerte E inmenso, Se me alejan y oscurecen Ambos, Y Ya no danzan en ese cielo Las nubes caprichosas, Y se queda sin estrellas, no se ven, ni nubes ni estrellas, queda el cielo vacío, y ese mar mío, queda sin sus olas, sin su azul profundo, y son sólo una mancha oscura, una sola mancha oscura, que envuelve todo, y es el vacío, y ese vacío, y esa mancha , me llega al corazón, y me duele, como si fuera la piel suave y blanca de mi amada, lacerada por mi propia navaja, y me asfixio, y me hundo en un fango de cadáveres y estiércol, y me doy cuenta que son mis propios cadáveres, los que maté mil veces, y los que quise matar y no pude, y es mi propia mierda, la que vomité, la que sudé, la que sangré, y con la fuerza del león herido y agónico, quiero dar el último zarpazo, el final, y llevarme en mi partida, al mundo herido, herido mortalmente, para que mi muerte sea la heroica, la que esperé siempre, la de mi niñez rebelde, la de mi adolescencia combativa, la de mi juventud comprometida, y siento que no me resulta, y nuevamente sucumbo, como antes, como las otras veces, y me siento atrapado en el lodo, y me avergüenzo, y sufro con mi vergüenza, y siento que la vergüenza ahora es la que me mata. Y también me siento traidor, Y como la traición también me ha matado, ahora me siento asesino, Perdedor de las confianzas sembradas, y siento haber perdido dignidad, y siento haber perdido hombría, y siento haber perdido historia, y siento haber perdido humanidad, y me pierdo yo, y te pierdo a ti, que eres lo que más quiero, y debo seguir viviendo, sumido, falso, como león herido, dando zarpazos al mundo, añorando que el cielo con su danza de nubes bese eternamente el mar azul, profundo y bravío, ese mar mío.