| Análisis del triunfo político de Michelle Bachelet |
| por Grupo de Análisis (Chile) | ||||||||
| lunes, 23 de enero de 2006 | ||||||||
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El análisis que ahora se muestra sobre los resultados de la segunda vuelta electoral y sobre el panorama que se abre a futuro, es de carácter interpretativo y descriptivo; recoge las opiniones y comentarios de compañeros que nos reunimos el miércoles 18 en una ronda de evaluación. Grupo de Análisis La Victoria Estemos o no de acuerdo en “la justicia poética” que representa que una víctima de la dictadura resulte electa Presidente del país, el hecho más destacable es que una mujer conducirá los destinos de Chile durante los próximos cuatro años. Este hecho tan llamativo, destacado hasta el cansancio por la prensa nacional y extranjera, fue observado por un compañero del Pacto como la evidencia de que la postulante de la Concertación encarna en sí misma el cambio, esto es, que una mujer se convierta en Presidente de la nación por primera vez en 200 años de vida republicana. Y este cambio, trastocado a una victoria de género, se evidencia en el gabinete paritario que ella decidirá usando la potestad de primera mandataria – igual cantidad de mujeres que hombres en cargos de la administración pública: ministerios, subsecretarías, intendencias, gobernaciones, servicios. Más allá de los entusiasmos y adhesión que Michelle Bachelet genera por su sencillez y cercanía emocional, no hay que olvidar que ella sólo representa un cambio de gobierno, pero no del sistema de dominación, ni del sistema neoliberal, pues las bases de la propiedad y de los mecanismos de apropiación permanecerán intocados. Ella es más bien representante de un cambio cultural, de mentalidad de una sociedad más tolerante y diversa, lo que le permitió aparecer en la noche del triunfo mostrando en el escenario su familia no tradicional de madre separada con hijos de padres diferentes. Otro factor a destacar es que fue el voto popular quien le hizo obtener 7 puntos de ventaja (480 mil votos de diferencia) sobre su contrincante, el que logró retener casi la totalidad la votación de Lavín, menos un 2 por ciento que cambió su parecer respecto de la primera vuelta y optó luego por Bachelet, fenómeno que de todas maneras revela una votación dura del electorado de derecha El 5,4 % del Juntos Podemos se volcó íntegramente a la candidata, pues los votos nulos, en vez de subir, bajaron de 220 mil a 150 mil votos y lo mismo los blancos. Estas cifras revelan que el llamado del representante humanista Tomás Hirsch a anular el sufragio, simplemente no concitó apoyo en las urnas. Por otro lado, la victoria fue pareja en todo el territorio. En términos deportivos ganó 12 por 1 concitando el respaldo mayoritario de las regiones, excepto la Araucanía por causas que un conocedor de la zona podría bien describir. La “inmensa” mayoría manda y ésta votó en resumidas cuentas por un cambio con continuidad. Por supuesto que ayudó el desempeño del gobierno de Ricardo Lagos que en seis años levantó nuevas carreteras, modernizó otras, puso en marcha el nuevo sistema de justicia oral, y ejerció verdaderamente el control sobre las fuerzas armadas permitiendo el juicio y encarcelamiento de militares culpables de crímenes durante la dictadura y hasta el procesamiento de la familia Pinochet Hiriart, lo que marca el fin de la era pinochetista. Los acuerdos para nuevas reformas a la Constitución, las nuevas leyes de regulación del capital, la suscripción de tratados comerciales con las principales economías del mundo, y el 6,3 % de crecimiento de la economía chilena constituyen también logros palpables de un gobierno cuya conducción estuvo orientada a asegurar las inversiones extranjeras, a garantizar las ganancias de las trasnacionales, de las empresas, con una serie de medidas propias más bien de un gobierno de derecha dedicado por entero a resguardar y mantener la estabilidad de las condiciones para la reproducción del capital. Todo indica que la doctora Bachelet al mando del país mantendrá los equilibrios alcanzados sin alterar sustantivamente los pilares en que se sustenta el modelo ni la desigualdad económica tantas veces mencionada durante la campaña. Su problema no será la gobernabilidad pues tiene un bloque estable con grandes consensos en temas económicos y sin contradicciones graves entre las fuerzas integrantes que la tensionen. Y por otro lado, si la derecha aspira a la alternancia sólo puede colaborar en la línea de perfeccionar el modelo y hacerlo avanzar en esa dirección con reformas al régimen de AFP, las isapres, pensiones y todas aquellas pequeñas promesas que formaron parte de la campaña y que los candidatos de todos los sectores hicieron suyas. Los desafío de la nueva etapa Esta elección marca el comienzo de una nueva etapa, que obligará a un reordenamiento y ajuste en el cuadro en que se desenvuelven las fuerzas políticas. En primer lugar , el reto para Bachelet de dar cumplimiento en los primeros tres meses de su mandato a las promesas de las 100 medidas inmediatas de su programa, servirán de evaluación ( en junio) de su desempeño como gobernante. Muchas de esas medidas ya están cubiertas por los programas sociales en marcha y son por lo mismo, fáciles de cumplir. El superávit fiscal gracias a la mantención del precio alto del cobre aseguran reservas suficientes para solventar en el terreno social demandas sectoriales específicas que pudieran surgir y entuertos como el ocurrido con la asignación de créditos a universitarios de familias de bajos ingresos. El reto es también para los partidos progresistas que le apoyan quienes resultaron ganadores en la elección parlamentaria y dieron a la Concertación mayoría nominal en ambas cámaras del Congreso. Muchos proyectos de mayoría simple e incluso de quórum calificado (la reforma a las AFP, entre otras) podrán ser despachados desde La Moneda con la seguridad de su aprobación y es claro que sobretodo los socialistas tendrán que dar mayores pruebas de consecuencia con el electorado popular que les votó. La Democracia Cristiana enfrentada a la pérdida de diputados y senadores así como a la arremetida de Piñera hacia el electorado de centro, tendrá que mostrar una política de defensa y promoción de la clase media que le asegure no decaer los años próximos en las preferencias de los chilenos en las urnas. Por otro lado, si quiere, como pretenden alguno de sus dirigentes, llegar a la presidencia el 2010, ha de elevar liderazgos y mantener una corriente de cohesión interna que no se ve hoy tan fácil de obtener. El respaldo a la senadora Soledad Alvear para hacerla con la presidencia del Partido Demócrata Cristiano y proyectarla como figura, tiene esa intención. Se inicia una nueva etapa también para la derecha, que si aspira a obtener el gobierno el 2010, tendrá que saber conciliar la política agresiva, dura y conservadora de la UDI y la derecha liberal, reunida en RN. Existe un fuerte rechazo y reticencia de la UDI hacia el liderazgo de Sebastián Piñera , a sus apoyos a la reforma al sistema binominal y a otros acuerdos democráticos que la tienda de Lavín no quiere. El proceso unitario, sobre todo mirando la proyección de figuras presidenciales al 2010 ( Longueira – Piñera), no se ve fácil. La última mirada es hacia los débiles, la izquierda rebelde, como la caracterizó alguien. Izquierda cuya calidad de rebelde se cuestiona sea tal porque hasta ahora se ha mantenido en la cola del vagón del tren y su última actuación fue tratar de incidir en el cuadro con las cinco medidas en que la modificación al sistema binominal asoma como la más relevante. La izquierda, mal le pese, no ha logrado conquistar al pueblo ni tener una política acorde a los tiempos y al tipo de mentalidad imperante, le ha faltado punch y sagacidad y sentido de la oportunidad para plantear sus puntos de vista y opiniones con una intervención casi ausente de la agenda pública. El reto para los rebeldes de izquierda, junto con promover y comprometerse a la unidad del sector, es intervenir de lleno en política con proposiciones claras de avances democráticos y coherencia entre lo que dice y hace frente al pueblo. Por lo demás con carencia de un proyecto de país aglutinador y convocante, construirlo con el pueblo se perfila como uno de sus más importantes desafíos.
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