| Los otros secretos de Colonia Dignidad |
| por Luis Narváez (Desde Alemania) / La Nación | ||||||||
| lunes, 23 de junio de 2008 | ||||||||
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Lo único que detuvo el relato de tres horas que hacía Klaus Schnellenkamp (35) fue un recuerdo sombrío, el más triste de su vida y el que lo hizo despertar de una pesadilla en la que nació y de la que, a partir de ese momento, quiso despertar. Recordó a su padre, Kurt, mirándolo mientras una enfermera le inyectaba un tranquilizante. Poco tiempo después, cuando Klaus abrió los ojos, se encontró encerrado en una caja de madera, absolutamente en penumbras, sin oxígeno ni espacio para moverse. "Mi padre me decía que si yo no obedecía las órdenes de Paul Schäfer, me enterrarían vivo en un ataúd para que me fuera con el demonio", relata. Después de herirse gravemente las manos intentando zafar de esa agonía, Klaus se desmayó. "Pensé que estaba muerto", dice, e interrumpe su relato, con su mano en la boca, los ojos brillosos y la mirada en el piso. Después de eso, sólo recuerda que alguien abrió la tapa y lo primero que se le apareció fue el "tío permanente", con su habitual sonrisa y su ojo de vidrio. Klaus es el menor de los ocho hijos de Kurt Schnellenkamp, uno de los integrantes del círculo de hierro de Schäfer, actualmente procesado y condenado en primera instancia por su complicidad en abusos contra menores y violaciones de los derechos humanos. Por primera vez accede a hablar, luego que decidiera abandonar la Villa Baviera en 2005. Tras la captura de Paul Schäfer en Argentina, abandonó un alto cargo que ostentaba en la nueva organización del enclave alemán, en Parral, y se refugió en Munich. Para él, todavía es difícil hablar libremente. "Esta gente es profesional en la venganza. Yo no les temo, pero quiero tener una vida tranquila. En la colonia sobrevivía todos los días, hoy puedo decir que recién he comenzado a vivir". Munich es la capital de Baviera, un estado católico, conservador y el segundo más poblado de los que integran la actual Alemania. Entre las construcciones de la alta edad media ubicadas en la Marineplatz se levantan los más modernos edificios. Pero a unos nueve kilómetros de la Hauptbahnhof, la estación central, y tomando uno de los trenes suburbanos que cubren toda la urbe, se llega a un pequeño poblado, de unos mil habitantes. Caminando entre cuidados jardines y casas de dos pisos se llega a la cuadra donde Klaus eligió hacer su nueva vida. "Es un lugar tranquilo, alejado del ruido de la ciudad y me queda cerca de donde actualmente trabajo", cuenta. Atrocidades sin castigo Es un hombre quitado de bulla, que parece disfrutar cada momento y cada cosa que pasa frente a sus ojos. En un pequeño paseo por el barrio muestra cada planta y cada árbol como si fuera un espectáculo único. Y en el supermercado goza con cada producto que encuentra en las góndolas, ahora que se siente libre para elegir. La cena consiste en hering un típico pescado del mar del Norte , con unas papas medio dulces, pepinillos y huevo duro en salsa blanca, todo frío. "Comida típica alemana, muy buena, me gusta; ahora puedo comer todo lo que quiero, ya no tengo que pelear por un pedazo de pan o por una porción más de arroz", explica con una tremenda y casi infantil carcajada. Klaus Schnellenkamp se decidió a hablar con LND y por primera vez a un medio chileno. No es cualquier ex-colono. Al hecho de ser hijo de "don Kurt", como se refiere a su padre, se suma que, desde la fuga de Schäfer, cuando él tenía 25 años, comenzó a ocupar cargos de relevancia en el enclave, apenas por debajo de los otros jerarcas que se pelearon el poder de la colonia tras la decisión de que el creador y líder de ésta debía huir de Chile. Desde esa posición pudo conocer y, a veces, practicar parte del poder que ese grupo ejerció, incluso después de la intervención de la justicia, en 2002. Este joven nacido en 1972, en Villa Baviera, fue testigo de hechos que nunca se contaron, que nunca se declararon y que aún no se han investigado. "Respecto al tema de las armas dijeron: ya encontramos unas pocas y las destruimos, y eso es todo. Pero la verdad es que eso no es todo, no se ha investigado nada respecto a las otras armas que pasaron por la colonia, el tráfico y los dineros", explica. Schnellenkamp se pregunta por qué después de tantos años, aun cuando se conocen las atrocidades cometidas en su interior, algunos delitos siguen en la impunidad y nadie hace nada. En el pasado, recuerda, y aun conociéndose internacionalmente los abusos, "ningún gobierno hizo nada por los cientos de niños abusados por los propios colonos. Muchos de quienes estuvieron en la Colonia Dignidad murieron de cáncer. Otros actualmente padecen esa enfermedad. Y yo me pregunto: ¿cómo personas que no fuman, no toman alcohol y tienen una alimentación sana mueren así de esa forma?". El joven tiene antecedentes acerca del uso de químicos y elementos tóxicos como el Abustox en algunas faenas agrícolas del lugar, y sobre la contaminación del agua que por años obtuvieron de un pozo. La misma que se utilizaba en la producción de algunos de los productos que vende el concurrido casino familiar ubicado en la localidad de Bulnes. Dice que en la Colonia Dignidad se experimentó con químicos en un laboratorio que tenía el doctor Harmut Hopp, y que los contenedores con sustancias tóxicas que descubrió la justicia eran sólo una muestra del stock que realmente se depositó en ese lugar, y que aún permanece oculto. Pero no sólo se ocultan químicos, sino sustancias todavía más peligrosas y nocivas. ¿Dónde? Klaus explica: "La verdad es que existieron dos colonias; una es la que todos conocieron, la pederasta, la de las violaciones de los derechos humanos, la de algunos búnkeres. Pero existe otra, ubicada más cerca de la cordillera, donde se hicieron muchas otras cosas y donde nadie ha querido investigar". Todos los antecedentes que Schnellenkamp entrega a LND concuerdan con los que han aportado algunos testigos que pasaron por Villa Baviera, y explican hechos ocurridos durante los 50 años que funcionó el lugar. Tráfico de armas Este último es un traficante de armas que realizó negocios ilegales de armamento en todo el mundo desde la década de los cincuenta hasta su muerte, en 1993. Ex oficial del Ejército alemán que luchó en la Segunda Guerra Mundial, Mertins, según señala Schnellenkamp, era socio de la colonia en algunos de sus negocios, aunque tenía su centro de operaciones en México. De ese país, sin embargo, debió huir en 1984, luego de que se lo vinculara al asesinato del periodista Manuel Buendía. Según el joven, fue entonces cuando Honzik se hizo cargo de los negocios de Mertins en México, y su propio padre viajó varias veces hasta ese país para reunirse con él. Según los antecedentes a los que LND tuvo acceso en Alemania, Mertins aparece en documentos oficiales del Gobierno de ese país desclasificados para algunos organismos humanitarios como un agente del Servicio de Inteligencia Alemán (BND) que informaba acerca de las actividades que realizaba en distintos lugares del mundo. Honzik, en tanto, visitó la colonia varias veces después de la muerte de Mertins, e incluso gestionó que ese enclave produjeran algunas de las piezas necesarias para armar en Chile los carros Mowag, después de que Famae consiguiera la licencia para construirlos. El hijo de Kurt Schnellenkamp agrega también que el Gobierno alemán colaboró con la dictadura militar chilena en la propuesta de proyectos para desarrollar la energía nuclear, aparentemente, con fines pacíficos. No obstante, otro documento, desclasificado recientemente por el investigador Friedrich Paul Heller (autor del libro "Pantalones de cuero, moños y gas venenoso: el trasfondo de Colonia Dignidad"), da cuenta del registro de las gestiones realizadas por enviados del régimen militar, altos oficiales del Ejército y representantes de la Colonia Dignidad, invitados por la Comisión de Energía Atómica. Hasta donde se sabe, ninguno de estos datos está consignado en la investigación del ministro Jorge Zepeda, cerrada hace ya varias semanas. Sólo una orden de la Corte de Apelaciones de Santiago permitió que Zepeda realizara algunas diligencias, pero dos semanas más tarde volvió a cerrar el sumario. Platas negras -¿Como se enteró usted de las actividades ilícitas de la Colonia Dignidad? -¿Cómo se puede probar eso? -¿Cuándo supo eso? -¿Hay testigos de que se haya pagado ese dinero? -¿Por qué cree que nadie ha hecho algo, pese a los abusos y los crímenes? -Y esa segunda colonia, ¿a qué se dedicaba? -¿De qué contaminación habla? -¿Se refiere a Boris Wesfeiler? -¿Qué sentido podía tener contaminar, si todos los trabajadores y colonos viven ahí mismo? -¿Conoció a Carlos Honzik? -¿Por qué iba a la colonia? -¿Pero eso no ocurrió por la cancelación de la personalidad jurídica? -¿Vio alguna vez a Seibel en persona? -¿Sólo Seibel participaba de los negocios de armas? -¿Hay algo más que no se haya investigado a fondo? -¿Quiénes estuvieron ahí? * Fuente: La Nación
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