Estimado señor director: Para que haya un sueldo justo o ético -o justicia social o equidad en Chile- este consejo debería empezar por intervenir (soñar no cuesta nada) los cuatro siguientes ámbitos:
1.-Cambios estructurales en la institucionalidad, en el Estado: recuperar lo que fue patrimonio de todos/las los/as chilenas/os: educación pública (especialmente la superior, ésa que tituló a muchos de los dirigentes del país sin endeudarse); sistema digno de salud (el que ponía en marcha y en agenda Allende); sistema de acceso a vivienda digna sin mediaciones de la banca; recuperar recursos mineros, telecomunicaciones, electricidad, agua, ríos, lagunas, costas, playas, mar, carreteras, cerros, cordillera, aire, cielo, átomos, etcétera. Y por cierto: imponer como un deber patronal ineludible el sueldo ético.
2.-Cambios radicales en la publicidad de los mass-media: que impone sistemática y unilateralmente una sola versión de ser humano, obviamente aquella versión que no tiene nada que ver con pobres, con mestizos, con “indios”, con gorditas, con ancianos, con mujeres sin tetas de plástico, con discapacitados/as, en definitiva con las y los trabajadores chilenos/as.
3.-Cambios radicales en la epistemología y ciencias con que se forma a los dirigentes del país, epistemología en que se han formado cada uno de los integrantes de este consejo por la equidad. Referimos a lo que Johann Baptist Metz, un europeo, y el propio CPEIP y Abraham Magendzo de Chile, acusan como una epistemología soberanista, unilateralista, expansionista, conquistadora, excluyente, racista, delirantemente occidentalizante, dominadora, antidemocrática, clasista, inherente a la plantilla gnoseológica eurupeocéntrica de las élites propietarias de la Teta, esa plantilla con la que se fundó Latinoamérica; ésa que vio en el habitante originario un animal o un sub-hombre (y sin alma); ésa que entre nosotros legitima el mundo neoliberal que nos rige y que ha dejado a dos tercios de nuestros compatriotas abandonados a su suerte, sobreviviendo a duras penas en un país frío, largo y angosto, país que para estos compatriotas –desde que nacieron- no ha sido más que un frío, largo y angosto pasillo de hospital público. Se trata de dar lugar a las “otras” epistemologías, por ejemplo a la de la señora juanita, a la de las otras voces, a la de las voces silenciadas, a la del saber “vulgar”, “ordinario”, a la epistemología de la marginalidad, del pueblo que sobrevive, a la epistemología de los/las que en este país no cuentan con “benefactores”.
4.-Y por último, y muy relacionado con lo anterior: hacer un cambio radical a las mallas curriculares de todas las universidades (especialmente las que hoy preparan para defender sus dogmas corporativos y para un mundo inexistente) , casas de estudio, institutos, escuelas, liceos, jardines, parvularios de este país, cambio radical que ponga -seguimos aquí a Abraham Magendzo- en el centro, en la verticalidad y la transversalidad de nuestro ser y estar en el mundo: EL IMPERATIVO IRRENUNCIABLE DE EDUCARNOS (incluyendo a los del Consejo y a los que diseñan esas mallas curriculares), EN RESPETO AL OTRO/OTRA, especialmente a los más postergados, al pueblo. Es decir de EDUCARNOS EN DERECHOS HUMANOS. ¿Por qué? Porque en Chile, en plena democracia, millones de compatriotas (y de inmigrantes) son atropellados en sus derechos humanos, es decir que el MALTRATO es el ethos del Chile actual. Vale decir que ¡en Chile, el maltrato no sólo es el golpe y el insulto, no sólo es discriminar a los diferentes, a los pobres, ancianos, a los más débiles: el maltrato es nuestro modelo de vida! Repetimos: el maltrato es nuestro modo de vivir. Y si no se interviene el ámbito de la EDUCACIóN, no habrá transformaciones de verdad a favor de la justicia social, la equidad, la inclusión social, etcétera.
Equitativamente le saluda, movimiento autónomo de filosofía UC del Norte, IV Región, Chile.