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Jueves 20 de Noviembre de 2008
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Recordando a Cortazar y "Los pies de Greta Garbo"
por Thierry Deronne (www.vive.fr.org)
sábado, 24 de marzo de 2007
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Recordando a Cortazar y "Los pies de Greta Garbo"
Página 2
Con este título [1] el escritor Julio Cortázar se dirigía a Le Monde en los años 80 para reprocharle su rechazo a reconocer los progresos de la revolución sandinista en Nicaragua. Desde que allí la libertad abandonó el ámbito de la filosofía y se transformó en una realidad para millares de campesinos sin tierra, cortadores de plátanos y niños abocados a la tuberculosis, la maquinaria mediática se puso a fabricar el “totalitarismo sandinista”.

Tocando a cuatro manos con los que financiaban los ataques asesinos de la “contra”, Le Figaro Magazine primero y después Le Monde (en la pluma de un tal de la Grange), sin pararse en barras, inventaron las llamadas “fosas comunes sandinistas”, desmentidas posteriormente por Amnistía Internacional. La guerra de los medios de comunicación sólo terminó el día en que, derrotados electoralmente, los sandinistas devolvieron el poder a la oposición. Los editoriales aplaudieron entonces a aquellos “grandes demócratas”, mientras que la víspera juraban que se perpetuarían en el poder como buenos “marxistas totalitarios”.

Los corresponsales liaron el petate y Nicaragua desapareció de los medios de comunicación mientras se reprivatizaba la sanidad, se despojaba a los campesinos de sus tierras y regresaba al galope la comitiva de mortalidad infantil, prostitución y analfabetismo. Un tercio de la población emigró del país “liberado”.

¿Cómo no recordar las protestas sin respuesta de Cortázar a Le Monde viendo esta tarde de enero de 2007 al pueblo inmolado que vuelve a esta plaza de Managua donde Daniel Ortega asume la presidencia? A su lado, Hugo Chávez interroga a la muchedumbre: “¿Se imaginan por un momento cómo sería hoy este país, su sanidad, su educación, si no se hubiera destruido la revolución?”.

Las 32 centrales eléctricas que Venezuela enviará inmediatamente a Nicaragua producirán 60 megavatios y pondrán fin a la pesadilla diaria de los apagones. Seguirán los tractores, como los que se han enviado a Bolivia...

El corresponsal de Le Monde, un tal Nicolas Bourcier, se consuela: “Los fuegos artificiales cierran la ceremonia, Ortega se va y no ha pronunciado ni una vez la palabra ‘revolución’” (12-01-2007). Ortega sí pronunció perfectamente la palabra cuando recordó el auge del analfabetismo durante la era neoliberal. Desde hace ocho años Garbo es venezolana pero Le Monde se sigue negando a levantar los ojos. La técnica es inmutable: minimizar las reformas sociales, las políticas Sur-Sur y la democracia participativa sin precedentes. Ocultar las ideas y el compromiso de los millones de ciudadanos a quienes benefician. Machacar que Chávez “surfea” en petróleo y por tanto no tiene ningún mérito. Y que si este “nacional populista” todavía no es un dictador, lo será.

En diciembre de 2006, con un estallido de alegría popular, Hugo Chávez vuelve a salir para un nuevo mandato, reelegido con un 62,8% de los votos y récord de participación. Con una decena de elecciones en ocho años, validadas por los observadores, Chávez “inyecta una fuerte dosis de vitaminas democráticas a Latinoamérica” dice el escritor Eduardo Galeano.

En el momento en que el gobierno francés quiere privatizar el gas y la electricidad, con lo que obligará a la población a pagar más, Hugo Chávez, más demócrata y más utópico, cumple sus promesas. Ordena la nacionalización de las compañías de electricidad y telefonía, la recuperación de todas las industrias clave privatizadas por los gobiernos anteriores, el refuerzo del control del Estado sobre la industria del petróleo y sobre el Banco Central con vistas a apresurar el desarrollo del país, y la democratización acelerada del Estado con la concesión de nuevos poderes a los Consejos Comunales y la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

“¿Les gustó Castro?, les gustará Chávez” responde Le Monde (19-12-2006), que califica al presidente venezolano de “cantamañanas” y “caricatura del populismo”, ante los enviados especiales encargados de dar una apariencia de “color local” a esta línea.

La lista de mentiras es larga. Ahora se lleva la palma un tal Paulo A. Paranagua, ex miembro de un grupo armado argentino admirador de Cuba en los años 70 que después cambió la chaqueta. Al contratarlo, Edwy Plenel recordaba, sin duda, que un converso siempre es más fanático que un derechista original. Pero su rabia no se explica sólo por la expiación de un pasado izquierdista. Las vanguardias armadas de repente envejecen en esta hora en que los pueblos construyen ellos mismos, a través de asambleas constituyentes, el socialismo del siglo XXI. Paranagua castiga a estos pueblos demasiado inteligentes a golpe de epítetos, ¿Evo Morales y sus indios? “Incultos y analfabetos”. ¿Los venezolanos? “Bebedores de whisky fascinados por Estados Unidos”. En enero de 2005 anunció la anulación de una cumbre entre Evo Morales y Hugo Chávez, como consecuencia de “tensiones entre los dos gobiernos.” Era mentira. La cumbre se celebró unos días más tarde en Caracas, sentando las bases de una cooperación que no ha dejado de crecer en todos los sectores.

El 09-01-2007, en “las razones de la popularidad de Chávez” Le Monde arremete contra la victoria “aparentemente” democrática del presidente. ¡Un pueblo que vota contra el neoliberalismo!, eso no existe ni en Francia ni en Venezuela. Chávez se mantiene en el poder por una fuerza mágica más allá de las urnas. Ya en 2004 Sylvie Kauffman descubrió que “Hugo Chávez está dotado de un instinto de supervivencia excepcional” y que “es el rey en el arte de la manipulación”.

Esta vez Le Monde echa mano de las tesis de Alfredo Ramos Jiménez y Carlos Romero, avales universitarios y ultraconservadores de la derecha venezolana: “El número de anuncios de televisión y páginas de publicidad” a favor de Chávez. Le Monde no dice que en Venezuela, el 95% de las cadenas de televisión, la radio y la prensa escrita están en manos de la oposición y las multinacionales. Muchos de estos medios de comunicación estuvieron implicados en el sangriento golpe de Estado de 2002. Esta “dictadura de los medios de comunicación” hace que la victoria de Chávez sea aún más notable.

Ponerse la camisa roja y participar en las ‘movilizaciones chavistas’ es una obligación a la que [los venezolanos] no pueden negarse sin arriesgarse a perder el empleo o la ayuda pública”; además, hay “1.300.000 votantes cuya dirección no figuraba en las listas”. Le Monde no dice que en Venezuela el voto es secreto, ni que esta campaña diaria de las cadenas comerciales de la oposición sobre el asunto de la “cubanización” o “el fraude” hace sonreír a los observadores y expertos electorales del mundo entero. La Organización de los Estados Americanos, la Unión Europea, la Asociación de Juristas Latinoamericanos y el Centro Carter, calificaron el proceso electoral de diciembre de 2006 de “transparente, ecuánime y democrático”.

“Dos millones de electores naturalizados –sobre todo colombianos-”. En los últimos años la República Bolivariana ha saldado una vieja deuda democrática regularizando a los extranjeros que demuestran legalmente que viven y trabajan en Venezuela desde hace diez años. El paso de la clandestinidad a la ciudadanía supone poder abrir una cuenta bancaria, firmar un contrato, alquilar una casa, matricular a los niños en la escuela y votar. ¿Acaso Le Monde sugiere restablecer el “sufragio censitario” [2] para salvar la democracia?

A continuación Le Monde ataca la política del gobierno bolivariano: “las misiones educativas son parches que no arreglan una educación nacional defectuosa”. Es falso. La UNESCO declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo en noviembre de 2005 gracias a la Misión Robinson. El gobierno suprimió el pago de derechos de matrícula en las escuelas públicas, construyó 650 escuelas nuevas y se hizo cargo de 10.000 más. Creó la Universidad Bolivariana que acoge a los sectores populares, excluidos hasta ahora de los estudios superiores, donde estudian 400.000 jóvenes gracias a la “Misión Sucre”. Récord histórico: hay 12 millones de venezolanos que estudian, casi la mitad de la población total.

“En cuanto a la vivienda digna a la que aspiran millones de venezolanos, el gobierno no ha conseguido poner en marcha un programa de construcción que merezca este nombre”. Es falso. En 2006 el gobierno invirtió 6.600 millones de bolívares, ha construido 13.068 nuevos alojamientos y quiere construir 200.000 en 2007. La bajada de los intereses hipotecarios, que han pasado del 35% antes de 1998 al 5% actualmente, ha permitido el acceso a la vivienda a más de 73.000 familias.

La ausencia de un plan de desarrollo susceptible de crear un número suficiente de puestos de trabajo para hacer bajar el desempleo, camuflada por el trucaje de las estadísticas y por la economía informal”. Es falso. El primer año, Chávez se encuentra con una tasa de desempleo del 15,3%. En 2002-2003, el golpe de Estado y el sabotaje económico hacen que la tasa llegue al 19,2% y en cuatro años, gracia a las medidas gubernamentales, el desempleo ha bajado 10 puntos, cayendo al 9,6%.

“El gobierno ‘reparte’ a diestra y siniestra con programas sociales, corrupción, créditos baratos o regalos a los bancos”. Es falso. Lejos de comprar la “paz social” como hacían los gobiernos anteriores, el gobierno de Chávez facilita a las misiones (Vuelvan Caras, Madres del Barrio, etcétera) créditos, formación y mecanismos de apoyo con los que los beneficiarios pueden crear actividades socioproductivas.

El 11-12-2006 Le Monde afirma que “Chávez no ha conseguido que baje la pobreza”. Es falso. En siete años de revolución, el número de hogares pobres bajó de 49.000 a 33.900. A lo que hay que añadir el acceso gratuito a la sanidad, la educación y la vivienda. El salario mínimo pasó de 36 dólares en 1996 a 238 dólares en 2006, lo que representa un aumento del 560%. Con los gobiernos anteriores el aumento nunca superaba la inflación, lo que lo hacía ficticio.

Siga leyendo la II Parte       Continuación
Nota:
[1] “Los pies de Greta Garbo” es el título de un texto incluido en el libro de Julio Cortázar Nicaragua tan violentamente dulce. En 1976 Cortázar, efectúa una visita clandestina a la aldea de Solentiname en Nicaragua y conoce de cerca el triunfo sandinista, experiencia que le fascina y a la que rinde homenaje en esta obra publicada en 1984. 
[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Sufragio_censitario


 
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