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Frei y la Democracia Cristiana en los documentos desclasificados norteamericanos | Frei y la Democracia Cristiana en los documentos desclasificados norteamericanos |
| por Hermes H. Benítez (Edmonton, Canadá) | ||||||||||||
| viernes, 22 de diciembre de 2006 | ||||||||||||
Página 3 de 3 12. “A fines de julio, la CIA informo de la existencia de un plan golpista ‘a punto de culminar’.... La Agencia informó también de que los militares estaban tratando de coordinar su toma del poder con la Confederación Nacional de Dueños de Camiones, que estaban a punto de emprender una huelga generalizada de camioneros. Aquel violento paro inmovilizó al país durante el mes de agosto y se convirtió en un factor fundamental en la creación del clima propicio para el golpe que con tanto ahínco había perseguido la CIA en Chile. Entre otros elementos importantes se hallaba la decisión que había tomado la cúpula democristiana de abandonar las negociaciones con el gobierno de la Unidad Popular y centrar sus esfuerzos, por el contrario, en la consecución de un golpe de estado. En un informe de la CIA de comienzos de julio, el puesto de operaciones en Santiago señaló que se había producido ‘una aceptación cada vez mayor por parte de los dirigentes del PDC de que la intervención de los militares puede ser el único modo de impedir que los marxistas se hagan con el poder absoluto en Chile. Si bien la cúpula del PDC no admite que sus decisiones y estrategias políticas están encaminadas a crear las circunstancias necesarias para dar pie a la actuación del ejército, los informantes del puesto santiaguino han comunicado que, en el ámbito privado, éste es un hecho político aceptado en general. (58) La postura de los democristianos llevó al Partido Comunista chileno, tradicionalmente moderado, a concluir que había dejado de ser viable el consenso político con la oposición y a adoptar una actitud más militante que dio lugar a profundas divisiones con respecto a la coalición de Allende. (Op. Cit., pág. 106). 13. “Inmediatamente después del golpe de estado, la estrecha colaboración de la que hablaba Kissinger adoptó la forma de un respaldo diplomático entre bastidores y de una postura favorable a la prestación de ayuda necesaria para proseguir los actos de represión. El 14 de septiembre, la delegación estadounidense en las Naciones Unidas recomendó encarecidamente al nuevo gobierno chileno que enviase a ‘un representante destacado, carismático y despierto a Nueva York sin dilación’ con el objeto de que ofreciese una justificación convincente del derrocamiento de Allende y rebatiera las duras críticas de soviéticos y cubanos. Los funcionarios estadounidenses en la ONU trabajaron codo a codo con los diplomáticos chilenos a fin de presentar el golpe como algo supuestamente positivo. En Santiago el embajador David instó a los miembros de la recién establecida Junta Militar a ‘reclutar’ la ayuda de los democristianos con el fin de resolver ‘el problema de imagen’ surgido con respecto al resto del mundo. La idea desembocó en una gira de los integrantes más destacados del Partido Demócrata Cristiano de Chile por América Latina y Europa concebida para justificar el golpe en público y financiado en secreto por la CIA”. (Op. Cit., pág. 139). 14. “A través de programas de acción política, la CIA también promovió de modo clandestino la imagen del nuevo régimen. En octubre de 1973, la base santiaguina financió en secreto la visita a distintos lugares del mundo de un grupo de destacados democristrianos con el fin de justificar el derrocamiento militar [del gobierno de Allende] En este viaje, que duró más de un mes, participaron dirigentes del partido tales como Enrique Krauss, Pedro Jesús Rodríguez, Juan de Dios Carmona y Juan Hamilton. (21) ‘El partido concibió el plan de enviar un escuadrón de la verdad a cierto número de capitales latinoamericanas y europeas con el fin de exponer las circunstancias que provocaron el golpe de estado en Chile y explicar la asociación del PDC con la Junta Militar en tal situación’, manifestaba la dirección de operaciones de la CIA en un memorando secreto destinado al Comité 40, presidido por Kissinger. ‘Por desgracia, el partido no ha tenido tiempo para recuperarse de la sequía financiera sufrida en tiempos de Allende, y por lo tanto’, según el memorando, era necesario proporcionar a sus integrantes ayuda monetaria de modo clandestino”.(Op. Cit., pág. 145). 15. “El 15 de octubre, el Comité 40 dio el visto bueno al financiamiento provisional de los proyectos propagandísticos diseñados para mejorar la imagen de la Junta. Entonces, la CIA procedió a renovar y rectificar las subvenciones destinadas a los partidos políticos a los que había ayudado para derrocar a Allende. El 26 de diciembre, la Agencia propuso reestructurar el presupuesto para el año fiscal 1974 a fin de respaldar al Partido Nacional –descrito como ‘el partido del gobierno- con 580.666 dólares. Según la propuesta de la CIA, el PN ‘considera que si logra convertirse en el abanderado del gobierno no necesitará más respaldo financiero de Estados Unidos. La Agencia también sugirió reanudar el financiamiento encubierto del Partido Demócrata Cristiano, incluidos los pagos prometidos antes del golpe de estado, junto con una subvención clandestina que permitiese al partido, rayano en la bancarrota, subsistir durante el año siguiente al golpe. A finales de noviembre, la CIA trató de ajustar el presupuesto para el programa de acción política del PDC durante el año fiscal 1974 a 685. 150 dólares y solicitó otros ciento sesenta mil para financiar al partido desde diciembre de 1973 hasta abril de 1974.(23) Ante la reserva que mostraba el Departamento de Estado respecto de la continuación de los proyectos de acción política en Chile, la Agencia remitió algunas semanas más tarde al Comité 40 una propuesta secreta titulada: ‘Solicitud de (ciento sesenta mil dólares) para el Partido Demócrata Cristiano chileno’. En ella se pedía financiamiento para al menos tres meses y un ‘pago final’ que permitiera al PDC pagar su nómina a principios de 1974 e independizarse tras doce largos años de ayuda clandestina por parte de Estados Unidos”. (24) El debate en torno a esos ciento sesenta mil dólares en lo más alto del escalafón del Departamento de Estado presidido por Kissinger evidencia que la determinación de respaldar a un régimen militar brutal se hallaba incluso por encima de la de prestar una mínima ayuda a un partido que, para Washington, había encarnado la mayor esperanza de la democracia chilena desde la Alianza para el progreso de John F. Kennedy. Muerto Allende, las razones que justificaban la intervención secreta para ‘preservar las instituciones democráticas de Chile’ parecieron dejar de importar a los estadistas norteamericanos, aun a pesar de que el régimen que lo derrocó no estuviera haciendo otra cosa que desmantelar en forma sistemática esas mismas instituciones. Solo un funcionario del Departamento de Estado –un analista de la Oficina de Inteligencia e Investigación (INR) llamado James Gardner, que trabajaba de enlace con la CIA en las operaciones secretas- pareció captar la clara hipocresía de la postura estadounidense. ‘Puede documentarse que el régimen actual de Chile es militarista, fascista, tiránico y asesino’, declaró en febrero de 1974, en un memorando secreto con el que pretendía persuadir a sus superiores de la IRN a que [continuaran] respaldando la ayuda secreta al PDC chileno. “También creo –sostenía- que puede documentarse que el PDC es una organización política decididamente democrática, tal vez la única de toda Latinoamérica. El costo financiero que nos piden que paguemos para tratar de hacer que el partido sobreviva es pequeño. ...La asistencia prevista sólo trataría de fortalecer a un elemento de la sociedad chilena que podría ser capaz de moderar los excesos del régimen. Me es imposible creer que nuestra aceptación de la Junta Militar deba comportar nuestra identificación pasiva con sus más grotescas aberraciones”. Gardner aducía asimismo una razón histórica: “Con la excepción de la ayuda que hemos brindado en el pasado a los elementos democráticos chilenos, no conozco ningún caso en el que nuestra intervención (encubierta) haya tenido otro efecto que el de favorecer a los sectores más conservadores o reaccionarios. Jamás hemos hecho nada en contra de la derecha, por extremista que ésta fuese. Si nos negamos a ayudar al PDC chileno ... habremos conservado intacto un record en el que me placería ver al menos un fallo, más aún si con ello se viesen beneficiados nuestros intereses.”(25) Hubo otros funcionarios estadounidenses que secundaron la solicitud de una ayuda secreta mínima para el PDC [bajo la dictadura]. En una reunión con la CIA celebrada en noviembre de 1973, el subsecretario Harry Shlaudeman argumentó que una subvención clandestina permitiría que los democristianos respaldasen el nuevo régimen, aunque ‘debería concederse entendiendo que en una fecha u otra el partido estará acabado’. Shlaudeman hubo de reconocer que, si se ponía fin a la ayuda en aquellos momentos, ‘no lograríamos otra cosa que causarnos problemas a nosotros mismos, ya que parecería que lo único que nos interesaba era derribar a Allende’. La postura de la CIA, por otra parte, resultaba muy convincente: se hacía necesario respaldar al PDC si se quería que éste pudiese competir en lo político con los partidos de izquierda en el supuesto de que Pinochet devolviese el poder a la sociedad civil. De lo contrario ‘el cese súbito de la ayuda financiera prestada por el gobierno de Estados Unidos forzaría los ya mermados recursos del PDC antes de que tuviese la oportunidad de encontrar fuentes alternativas de ingresos –señalaron los funcionarios de la Agencia-, y lo que quizás es más importante, afectaría de un modo muy negativo a las relaciones que mantiene nuestro gobierno con el partido’ (26). Tampoco carecía de peso el argumento del embajador Popper según el cual su respaldo a los democristianos era una forma de ayudar a la Junta Militar. Tal como lo expuso en un cablegrama, el financiamiento encubierto ‘ayudaría a influir sobre el PDC para que fortaleciese su política de mantener relaciones correctas con la Junta, secundar sus objetivos constructivos y evitar por todos los medios una ruptura declarada con el gobierno’.(27) (Op. Cit., págs. 146 a la 148.) 16. “El debate interno entre la CIA y el Departamento de Estado en torno al financiamiento secreto de los democristianos se prolongó hasta abril de 1974, sin llegar a resolverse. El 4 de ese mismo mes, el director de la Oficina de Inteligencia e Investigación, William Hyland, elaboró un memorando en el que se oponía a lo que llamó ‘un asunto sucio... propiciado por un impulso de burócratas y agentes encubiertos’. A su parecer, debía informarse a Kissinger de que cualquier pago efectuado al PDC ‘nos expondría a la reacción del Congreso ante tan continuada intromisión en Chile’. No entiendo –añadía-, por qué seguimos respaldando a un partido político que, de hecho, se opone al gobierno que, según entiendo, estamos apoyando’. Sin embargo, el 18 de abril tuvo lugar una reunión entre el ex presidente chileno Eduardo Frei y el embajador Popper durante la cual el primero se refirió al delicado asunto del financiamiento clandestino, y tras el encuentro la embajada envió –a través de la CIA- un cablegrama especial en el que solicitaba el reembolso de los fondos que había gastado el PDC ‘durante los días culminantes de la lucha de la oposición civil contra el gobierno de Allende’. Popper aducía que ‘nos conviene mantener una relación minimamente satisfactoria con el PDC y evitar que se nos acuse de obrar de mala fe. [Frei] nos ha hecho ver –añadía- que si no cumplimos con nuestro compromiso (tachado), tal vez hagamos que se deterioren los contactos de que disponemos en el presente’.(29) La intercesión del embajador propició, al menos, un acuerdo: dado que la CIA había prometido financiar al PDC antes del golpe y el partido había adquirido ciertos compromisos basado en dicha promesa, la Agencia iba a efectuar en secreto un último desembolso –ajustado teniendo en cuenta la inflación- para que los democristianos pudiesen cumplir los [compromisos] contraídos entre el 1 de julio y el 10 de septiembre. De este modo, los funcionarios estadounidenses podrían negar haber llevado a cabo operaciones políticas clandestinas tras el golpe si el Congreso de Estados Unidos o la Junta Militar Chilena les preguntaban al respecto. ‘Entendiendo que ello marcaría el final de nuestra ayuda clandestina al PDC, pienso que deberíamos autorizar el pago de los (cuarenta mil dólares)’. En un memorando de acción, secreto, del 11 de junio titulado ’Liquidación de la cuenta pendiente chilena’ –al que se había añadido la anotación de ‘fuera de sistema’ para ocultarlo a la burocracia del CSN -, el gabinete de Kissinger daba su visto bueno al ‘acuerdo entre el Departamento de Estado y la CIA ‘en relación con los compromisos clandestinos adquiridos con anterioridad al golpe de estado en Chile’ (30). El 24 de junio, el Comité 40 autorizó este último desembolso. (31) Oficialmente, el programa de intervención clandestina emprendido por la CIA doce años antes con el objetivo de apoyar a los democristianos concluyó el 30 de junio de 1974, cuando la Agencia puso en marcha diversos ‘planes de liquidación’ para cerrar pisos francos, cuentas bancarias y otros mecanismos secretos empleados en esta operación de financiamiento. Otro tanto puede decirse de las operaciones encubiertas concebidas para respaldar a otros grupos políticos como el Partido Nacional, el Partido Demócrata Radical, y el Partido de Izquierda Radical. Hacia fines de junio, la CIA también había dado por terminadas las ‘actividades de propaganda encubierta’ llevadas a cabo en torno a El Mercurio, considerado el más exitoso e influyente de los proyectos emprendidos en secreto en Chile con el fin de secundar la toma del poder por parte de los militares.” (Op. Cit., pags 149 y 150.)
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