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Lunes 01 de Diciembre de 2008
Portada arrow Secciones arrow Cultura arrow Carta de Bernardo Leighton a Eduardo Frei Montalva (26 de junio de 1975)
Carta de Bernardo Leighton a Eduardo Frei Montalva (26 de junio de 1975)
por Bernardo Leighton (Chile)
martes, 26 de diciembre de 2006
Inicio
Carta de Bernardo Leighton a Eduardo Frei Montalva (26 de junio de 1975)
Página 2
La Carta de Leighton a Eduardo Frei Montalva  está muy marcada por las aluciones que el primero hace a la carta que Frei envió a Mariano Rumor, pocas semanas despues del Golpe. En nuestro afán de mostrar un pequeño retazo de la historia hemos publicado tambien esa carta, la cual Ud. puede leer desde este link: Carta de Frei a Mariano Rumor
La Redacción de PiensaChile


Roma, 26 de junio de 1975

Señor Eduardo Frei M. Santiago, Chile

Querido Eduardo:
Mientras preparaba mi nueva carta en contestación a la tuya, de fecha 22 de mayo, me han llegado las informaciones sobre tu espléndida entrevista de "Ercilla", por la que te felicito sinceramente, como también por la que publicaste en "Nuevas Fronteras" y tienes la amabilidad de acompañar a tu carta. En razón de estas entrevistas he estado a punto de no volver a nuestra polémica epistolar a cambio de limitarme a la búsqueda de lo que puedan y deban tener de común nuestras actuaciones presentes y futuras; creo, sin embargo, que es útil prolongar algo más nuestro debate, dentro del espíritu en que lo hemos enmarcado.

Pág. 1 - Prs. 1, 2, 3. Tu respuesta frente a la interpretación mía de la declaración sobre la expulsión de Renán revela que no la has entendido, tal vez, porque me faltó precisión. En efecto, yo no te he supuesto ideas, actitudes o afirmaciones. Simplemente sostuve y sostengo que esa declaración (la declaración, no tú) manifiesta, a mi juicio, confianza en que los actuales ocupantes del poder puedan ser el centro de la reconciliación entre los chilenos. Estas palabras nunca las atribuí a ti, puesto que son mías y tal es, obviamente, el sentido con que las aludí en mi carta anterior. La interpretación de la declaración no la deduje pues de estas palabras sino de su texto, varios de cuyos acápites implican la idea de producir reconciliación y concordia internas, en torno a la actual dictadura, y llegan a señalar que la medida contra Renán pudo ser la obra de elementos incrustados en el Gobierno, empeñados en buscar una situación de conflicto irremediable. Fueron estas expresiones y otras de alcances semejantes las que dieron base a mi interpretación. El recuerdo que te hice de anteriores actuaciones y declaraciones tuyas no tendía a fundamentar mi interpretación que se sustentaba, repito, en ella misma; estaba destinado a explicarte el motivo por el cual me parecía que no debía desconcertarte tanto, ya que mi interpretación no se contradecía con lo que tú habías dicho o hecho con anterioridad. Eso fue todo.

Pág. 2 - Prs. 2, 3, 4. Siguiendo el orden de tu exposición dices: "El origen de donde derivan todas nuestras diferencias reside en una visión fundamentalmente diferente de lo que pasó en Chile en los años de la Unidad Popular. Si yo parto de la base de que el gobierno de la UP no violentó las leyes ni la Constitución, que a ojos vista no estaba preparando un golpe dictatorial marxista-leninista, que no se manifestó reiteradamente un gran desprecio por la democracia formal y burguesa, que no se creó en el país un clima de odios insuperables, y no se llegó a la destrucción de la economía que acarrea inevitablemente el trastorno político, no hay nada que decir. Si, por el contrario, ocurrió todo eso y mucho más, como lo pienso, no hay manera de entenderse". Planteado el dilema en estos términos tendrías hipotéticamente la razón; pero ocurre que el dilema está mal planteado. Voy a explicarme:

a) "Si yo parto de la base de que el gobierno de la UP no violentó las leyes ni la Constitución". No es este mi criterio; por algo concurrí con mi voto a todas las acusaciones constitucionales que presentó el Partido, porque ésta era una de las armas legítimas que teníamos en nuestras manos para obtener la rectificación de la política del gobierno, que en muchos casos se obtuvo.

b) "que a ojos vista no estaba preparando un golpe dictatorial marxista-leninista". Efectivamente siempre pensé que el Gobierno no estaba preparando ese golpe, contrariando los fines de la extrema-izquierda y de ciertos elementos directivos del Partido Socialista, muchos de los cuales hicieron públicos sus ataques a Salvador Allende por este motivo.

c) "que no se manifestó reiteradamente un gran desprecio por la democracia formal y burguesa" . Este hecho es evidente; pero no me parece realista ubicarlo exclusivamente en el campo de la Unidad Popular, puesto que, hasta en nuestro Partido, hubo apreciaciones similares (que tú y yo, entre otros, constantemente combatimos), y para qué decir en el Partido Nacional donde se llegó al extremo de plantear oficialmente la desobediencia civil, como si el Gobierno de Allende fuera una dictadura y no un Gobierno Constitucional.

d) "que no se creó en el país un clima de odios insuperables". Para no radicar en la UP toda la responsabilidad de la creación de este clima, basta volver la mirada al slogan acumulemos rabia publicitado por "La Segunda", a los comentarios y crónicas de "La Tribuna" y al grito de guerra de la juventud del P. Nacional: ojo por ojo, diente por diente.

e) "y no se llegó a la destrucción de la economía que acarrea inevitablemente el trastorno político". ¿Quién puede negarlo aun cuando exageres el juicio?; pero al propio tiempo, ¿quién puede negar a su vez que los grandes intereses de adentro y de afuera del país, del capitalismo imperialista, que es un hecho en el mundo de hoy, aprovecharon y explotaron los errores de la UP, para actuar de una manera insensata, que tú mismo en más de una oportunidad condenaste?

En resumen, las dos visiones de lo que pasó en Chile en los años de la Unidad Popular, conforme a tu descripción, no son dilemáticas pues recíprocamente se interfieren, concordando o discordando, entre ellas, lo que, por tanto, no sirve para señalar el sitio de nuestras discrepancias, que debemos buscarlo a través de otras reflexiones.

Declaras que no te interesa discutir aquí las intenciones del Presidente de la República, lo que por mi parte tampoco, ahora, voy a discutirte; pero no considero razonable afirmar que lo haces porque los hechos históricos y políticos se juzgan por lo que realmente ocurrió y no por la interpretación de cuál sería el estado de ánimo de personas que se estiman o se quieren, toda vez que el fondo de tu argumentación pretende justamente demostrar que la intención del Gobierno sería llevar el país hacia una dictadura de extrema izquierda para lo cual señalas algunos hechos que la justificarían y callas otros que prueban lo contrario, aparte de que también fue un hecho histórico, no el golpe dictatorial marxista-leninista, sino el golpe dictatorial fascista.

Con todo, estimo conveniente analizar el origen de nuestras diferencias que nos han colocado, todavía hoy, en posiciones tan distantes. Creo que ese origen estaba en que para ti el golpe resultaba inevitable, al paso que para mí siempre fue evitable y nos obligaba a hacer lo inhumano por evitarlo. Tú partías, a mi juicio, de un concepto de fatalismo histórico, opuesto a nuestra doctrina, que siempre supone la libertad en los hombres y en los pueblos, y a nuestra política, desde los tiempos de la Falange, contraria a los extremismos de derecha y de izquierda, caracterizados precisamente por sus concepciones fatalistas. Partiendo de esta premisa, tus actuaciones posteriores fueron consecuentes y afectadas de su error conceptual.

o partía de la premisa contraria, y pienso, a mi vez, haber actuado en consecuencia. Al final los hechos nos dieron a los dos parcialmente la razón: a mí porque no vino el golpe de extrema izquierda, pero no fue evitable el de extrema derecha; a ti porque vino el golpe, pero no como tú lo imaginabas, ni con los horrores que iba a desencadenar.

Por eso, es conveniente la reflexión sobre estos acontecimientos, no sea que tú o yo estemos repitiendo o próximos a repetir equivocaciones similares, que de alguna manera puedan contribuir a hacerle mucho daño a Chile. Y al Partido.

Pág. 2. Pr. 6, Pág. 3 Prs. 1, 2. Recuerdo perfectamente tu respuesta a la TV con ocasión de la ceremonia en la Gratitud Nacional. Habría preferido, sin embargo, no verte en ese sitio, como por fortuna no volví a verte más en oportunidades semejantes. Precisamente, por tu calidad de ex Presidente, tu presencia valía inmensamente más que tus palabras y que tu actitud posterior al acto, frente a la Junta, que ya empezaba a demostrar sus intenciones. Por todo esto, me produjo mucha pena observar que yo había tenido el honor de ser ministro de dos de los ex Presidentes asistentes y del padre del tercero. A nadie le faltan motivos para sufrir, Eduardo, en las circunstancias que estamos viviendo.

Pág. 3. Pr. 3. Me alegra que tengas dudas respecto a tu declaración formulada cuando la dictadura clausuró el Parlamento. A Lucho Pareto, que la firmó junto contigo, como Presidente de la Cámara, le comuniqué verbalmente, en esos días, lo que yo pensaba acerca de esa declaración, expresándole además mi pesar y mi protesta. A propósito de Lucho, debo decirte que estuvo a verme aquí en Roma y, con gran calidad humana, me dejó de recuerdo el pequeño Tricolor que tenía sobre su mesa de trabajo en la oficina de la presidencia.

Pág. 3. Prs. 4, 5.Te cité tu entrevista en el ABC porque, con excepción de tu categórico desmentido en cuanto a Salvador Allende, en el resto la entrevista corresponde sustancialmente a lo que yo mismo te oí sostener en Santiago, antes y después del golpe militar.

Pg. 4-Prs. 2, 3, 4. Tocante a tu carta a Mariano Rumor y a tu prólogo del libro de Genaro Arriagada, los justificas en tu obligación de defender a la DC Chilena, ante la propaganda marxista en el exterior, y a la necesidad de reponer la verdad histórica de lo acontecido en Chile, debo decirte dos cosas.

La defensa de la DC Chilena también, por cierto, he debido hacerla yo, aquí en Europa, y no exclusivamente en presencia de ataques de la izquierda, sino ante elementos pertenecientes a los PDC europeos, que sólo conocían directamente de la DC de Chile las declaraciones oficiales, después del golpe, la Carta Informativa N° 20, y los informes verbales de Carmona, Hamilton y Krauss. Algunos habían leído la declaración que hice, con otros parlamentarios y dirigentes DC, el 13 de septiembre. Pero, tu carta y tu prólogo, si bien no los destinabas intencionadamente a defender el golpe y la dictadura, una y otro sirvieron, sobre todo el prólogo, publicado en Chile, casi al año del golpe militar, para defender a éste y justificar a aquélla, todo lo cual formará también parte de la realidad del proceso histórico cuando llegue el momento de escribirlo.

Entretanto, todas las opiniones que podemos dar, en pro o en contra, tienen igual valor como antecedentes emanados de personas que los hemos vivido, en no escasa medida, en calidad de actores. Y estas apreciaciones te las expreso, como siempre lo hice antes, de acuerdo a mi manera de hablar y de escribir, al margen de un objetivo, que sería inútil y mezquino, de juzgarte, de acusarte, y mucho menos de agraviarte.

Dios ha de permitir, por otra parte, que el Partido, en cuyo nacimiento tuvimos algo que ver, se prolongue más allá de nuestras vidas y estos debates nuestros aprovecharán, seguramente, a quienes necesitarán mañana saber qué sucedió en el interior de nuestra experiencia personal y partidista.

Nuestros defectos quien mejor que cada uno de nosotros los conoce y ni tú ni yo nos hemos dedicado nunca a apuntarlos con acuciosidad o a destacarlos con esmero. Lo que hemos hecho ha sido y es, en estos instantes, analizar mutuamente nuestras actuaciones políticas, dentro de las cuales cometer errores no es un defecto y, por consiguiente, señalarlos no es un agravio inaceptable; todo lo contrario, es como tú dices una prueba de verdadera amistad.

Con este espíritu recojo y contesto los cargos que me formulas en tu carta.

Pg. 7 - Prs. 1, 2. Por lo demás, tú pareces olvidar otra cosa. Hubo varias reuniones del comité político a las cuales asististe tú, Tomic y otros personeros y yo también y con la aprobación unánime de la comisión política se señaló la necesidad de un gabinete en que estuvieran las FF.AA., pero se decía claramente y yo no era miembro de la comisión que no con unos dos o tres ministros superpuestos manteniendo toda la estructura administrativa inferior (subsecretarios, etc.), porque eso se consideraba un peligro y un error.

Más aún, hubo una declaración oficial de la comisión política al respecto. No olvido esa reunión y muchas otras. Pero, justamente, ese acuerdo que yo compartí planteaba la participación de las FF.AA. en el Gabinete con franco respaldo presidencial y reales posibilidades de acción eficaz. Era, no obstante, evidente la necesidad de caminar con cautela (el 11 de septiembre demostró hasta dónde esa necesidad debía estar presente. Tú dices que se trataba de una maniobra de Allende. El hecho es que Pinochet ha confesado que, desde el 20 de marzo, estaba comprometido con otros ocho jefes militares a derrocar al Presidente de la República).

No era, en consecuencia, lógico decapitar de inmediato la administración para entregarla a los militares y estoy seguro de que ninguno en el Partido sostuvo ese desacertado criterio. El Presidente habría tenido que estar loco para aceptarlo. Tus críticas, pues, sólo contribuyeron, cualesquiera que fueran tus intenciones, a agravar la tensión existente y a precipitar la catástrofe. Claro que para proceder de otro modo era indispensable no abrigar en la mente la inevitabilidad del golpe militar, elemento clave, en mi concepto, de tu equivocada actitud reflejada en tus declaraciones de esa época.

No trato de sacudirme de culpas, buscando en ti un chivo expiatorio. Jamás he negado la responsabilidad que todos los políticos chilenos, yo entre ellos, tuvimos en los hechos que precedieron, no que justificaron, el 11 de septiembre. Así lo he sostenido en repetidas ocasiones públicas y no públicas, de palabra y por escrito.

Pg. 7 - Prs. 3, 4. “Es un asunto nimio. Refiriéndote a mi afirmación de mi carta anterior en la que te indicaba el error de suponerme en actual exilio voluntario", escribes: "La verdad es que en el carácter de proceso que le has dado a mi carta, cometí un error. Podría invocar para él el que no me fijé atentamente en su redacción, puesto que comenzaba por decirte que considero una infamia que se te niegue volver a tu Patria". No es cuestión de hermenéutica, tampoco en este caso, porque en ninguna de tus dos cartas primeras aparece que atribuyas a una infamia de la dictadura mi permanencia en Europa. No es, consecuencialmente, el carácter de proceso que concedes a mi carta lo que te presenta cometiendo un error de hecho, por el cual desde luego agradezco tus excusas.

Pág. 7 - Prs. 5-/8, íntegra copio: "los que creyeron posible la colaboración, nunca recibieron una proposición seria y aceptable. Esto no es verdad, e incluso tengo escritos los hechos que demuestran lo contrario. Que la gran prensa guardara silencio o tergiversara, es cuento aparte" (tomado todo este párrafo de mi carta anterior, reproducido por ti), y agregas: "yo no puedo saber cuáles son los hechos a que tú te refieres mientras no los des a conocer. Desgraciadamente en los años de la Unidad Popular tampoco tuve ocasión de conocerlos, lo que lamento profundamente, pues creo que tenía derecho a estar informado en una materia tan trascendental".

Las cosas no fueron así. Tú estabas informado en algunos casos y en otros debieron informarte. Vas a verlo. La legalización de la Central Unica de Trabajadores y la reforma de la ley fundamental de la Universidad del Estado, fueron hechos públicos y en ambos casos las soluciones encontradas nacieron de proposiciones de Gobierno, que se debatieron en las Comisiones del Senado o fueron ampliamente publicadas.

Las conversaciones oficiales del Gobierno con la DC, por iniciativa del primero, en el invierno del año 72, sobre el área de propiedad social, la participación laboral, las intervenciones en las empresas, las empresas de trabajadores, etc., en base a proposiciones del Gobierno y nuestras, llegaron a concretarse en acuerdos que, en opinión de la Comisión que nombramos para el trabajo respectivo, cubrían más del setenta por ciento de las materias en debate.

Es cierto que no tuvieron éxito las iniciativas de Radomiro y de Narciso y que fracasaron las conversaciones Allende-Aylwin. Todo aquello fue una gran lástima. Pero la responsabilidad no corresponde íntegra a los actores directos. El clima de sospechas, insidias, flechas lanzadas desde las sombras (en frases de don Rafael Luis Gumucio), inteligentemente fabricadas por la extrema derecha, con la torpe e inconsciente colaboración de la extrema izquierda, dificultaron más allá de lo previsible la salida sensata.
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