Especiales
La verdadera muerte del Presidente Allende. Respuesta a Camilo Taufic | La verdadera muerte del Presidente Allende. Respuesta a Camilo Taufic |
| por Hermes H. Benitez (Canadá) | ||||
| lunes, 13 de noviembre de 2006 | ||||
Página 1 de 2 Link a “Todas las muertes del presidente Allende”, artículo publicado, el 10 de septiembre de 2006, con profusión de fotografías, en la sección “Temas del Domingo”, del diario La Nación de Santiago: http://www.lnd.cl/prontus_noticias/site/artic/20060909/pags/20060909205216.html La Redacción de PiensaChile Estimado Camilo: Hubiera querido escribir una respuesta inmediata a tu extenso artículo titulado “Todas las muertes del presidente Allende”, publicado, con profusión de fotografías, en la sección “Temas del Domingo”, del diario La Nación de Santiago, correspondiente a la semana del 10 a 16 de septiembre del año en curso; pero en ese momento me encontraba en Chile, lejos de mi familiar computador personal y de mi bien dotada biblioteca edmontoniana. Hoy, ya de vuelta en Canadá, procedo a contestarte. Por cierto, no me siento, en absoluto, “dueño” del tema, pero creo que el hecho de haber escrito y publicado un libro entero sobre la muerte de Allende (1), (a cuyo lanzamiento te refieres al pasar en tu artículo), me da alguna autoridad para manifestar públicamente mi opinión discrepante de tu interpretación; en lo que ella se refiere a los principales hechos y circunstancias de este tan litigioso como fascinante episodio de nuestra traumática historia reciente. Tu interpretación: No revisaré la totalidad de tu artículo, sino que, a continuación, me limitaré a resumir y examinar críticamente aquellos que me parecen ser los aspectos centrales de la argumentación allí presentada. 1. Introduces la temática mediante una descripción de los detalles de lo que constituye la así denominada “versión oficial” de la muerte de Allende, que me parece fidedigna, más allá de algunos puntos menores; por lo menos hasta donde haces referencia su entierro secreto en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, el día 12 de septiembre de 1973. Pero a partir de allí, siguiendo a Robinson Rojas (2), tomas el camino equivocado, al intentar interpretar la cuestión de la renuncia del General Ernesto Baeza, como probatorio de que el suicidio de Allende no habría sido más que un montaje. Lo que pareces no advertir es que al seguir dicho camino has prejuzgado de antemano cuál sería el resultado de tus búsquedas. Otros, antes que tú, han tratado de hacer sentido de este oscuro incidente, como es el caso del ex embajador Nathaniel Davis en el capítulo 11 de su interesante libro(3), pero han sido mucho más cautelosos a la hora de sacar sus conclusiones. Al final me referiré a esto en otro contexto. 2. A continuación describes las circunstancias que condujeron a la realización del peritaje de los restos del Presidente muerto en el Salón Independencia. Tú te refieres correctamente al hecho de que aquella tarde se produjo un relevo del personal de la Brigada de Homicidios (inicialmente a cargo de las diligencias), por parte de efectivos de la Policía Técnica de Investigaciones, pero extraes conclusiones incorrectas de ello, pues, sostienes, que éstos habrían firmado “... ‘un acta de análisis de las muestras halladas’ de una carilla, agregando -sin reconocer su autoría- el informe truncado de la BH (otras tres carillas, que aparecen con numeración diferente y las iniciales de otro mecanógrafo, en la reproducción de todo el documento) El acta fue publicada el año 2000 por Mónica González, en su libro “La Conjura: los mil días del golpe”. Te confieso que aquí tuve que echar mano del libro de Mónica González, porque me asaltó la duda de si acaso te estabas refiriendo al mismo documento reproducido allí, o a otro diferente. Porque si examinas con cierto detenimiento el texto del documento titulado “Acta de Análisis”, que figura entre las páginas 495 y 498 del referido libro, verás que no fue compuesto como tú lo afirmas (a partir de una interpretación equivocada de ciertos engañosos detalles de apariencias), mediante la simple sustitución de su primera página. Que esto no fue así es confirmado por el hecho de que en aquella página se encuentran ya indicados los nombres de los mismos cuatro peritos que firman al final, es decir, Jorge Quiroga Mardones, Carlos Davidson Letelier, Jorge Almazabal Mardones y Luis Raúl Cavada Ebel. Todos los cuales eran miembros de la Policía Técnica, y no de la Brigada de Homicidios. En el capítulo sexto de mi libro, conjeturo que la participación de dos diferentes grupos de la policía civil en el peritaje realizado en el Salón Independencia, habría sido motivado por la desconfianza de los golpistas hacia el personal de la B.H., al que consideraban como proclive al Presidente y a la Unidad Popular; y por el hecho de que el solo nombre de esta repartición pudo ser interpretado, dentro y fuera de Chile, como un reconocimiento tácito de que Allende había sido asesinado por los militares que bombardearon y asaltaron La Moneda. Pero lo central aquí es que el relevo de la B.H. por la Policía Técnica de Investigaciones, en los peritajes realizados en La Moneda, quedó registrado en el documento bajo examen, donde se menciona al Inspector Pedro Espinoza de la B.H, y se alude colectivamente al resto de los detectives bajo su mando como a “los peritos informantes”. Es decir, allí donde tú vez los vestigios documentales de un montaje del suicidio del Presidente por parte de los golpistas, yo veo las manifestaciones de un cambio en la repartición a cargo de los peritajes; y a partir de una lectura cuidadosa del texto del “Acta de Análisis”, identifico la verdadera naturaleza de la falsificación a la que fue sometido, no el documento, sino al escenario de la muerte del Presidente, según explicaré más abajo. Por cierto que todas las observaciones acerca del supuesto carácter truncado, o falsificado, del referido documento forense, tienen el propósito de descalificar y rechazar las observaciones, conclusiones y autoridad última del éste, sin haberte dado el trabajo de examinar una sola línea de su texto. Procedimiento muy poco recomendable para un investigador serio. 3. Una vez descartada sumariamente la veracidad, o confiabilidad, del “Acta de Análisis”, vuelves a retomar la cuestión de la renuncia del General Baeza, que como se ve constituiría el hecho central a partir del cual crees poder resolver el enigma de la muerte del Presidente. La supuesta renuncia de Baeza probaría, de acuerdo con tu interpretación, que los golpistas habrían hecho un montaje del suicidio de Allende, lo que, por cierto, no es otra cosa que la vieja y no demostrada tesis de Robinson Rojas bajo un nuevo ropaje. Los dudosos testimonios de Propper, Davis o Scherrer no consiguen, sin embargo, darle mayor credibilidad a esta tesis, de allí que procedas a examinar, a continuación, ciertas declaraciones del General Baeza en las que éste describe la postura en que fue encontrado muerto el Presidente, las que comparas con una foto de Allende muerto (la No. 1416/73-W) que, se nos dice, sin hacer referencia a su ubicación exacta, podría encontrarse hoy en Internet, “sin indica[ción de] su procedencia y de autor anónimo”. A tu juicio aquella foto mostraría la verdadera posición en que fue encontrado muerto el Presidente. En dicha foto éste no aparecería sentado, como lo afirma Baeza, sino más bien tendido sobre un sofá. Acerca de esto conjeturas que tal posición sería indicativa de que el Presidente fue arrastrado hasta el Salón Independencia, “cargado sobre una frazada doblada puesta bajo su espalda.”. Si te entiendo bien, al mencionar estos detalles lo que tratas de hacer es dar plausibilidad a otra de las tesis de Robinson Rojas, a saber, que luego de su muerte Allende habría sido sacado del lugar de su deceso y trasladado al Salón Independencia, donde se simuló su suicidio. 4. En seguida sorprendes a tus lectores con una extraordinaria afirmación: el supuesto “descubrimiento” de que el fusil AK del Presidente, contrariamente a lo que han declarado el ubicuo general Baeza y otros testigos, “no tenía culata de madera”, y por lo tanto si es que se ha afirmado que sobre ella se encontraba adosada la placa con la inscripción de Fidel Castro, el arma que se dice fue encontrada en La Moneda no podría ser aquella que le obsequió el líder cubano. Curioso razonamiento que se refuta en un minuto con solo mirar la foto de Allende y Eduardo Paredes disparando en El Cañaveral con el fusil AK del Presidente (reproducida en las páginas finales no foliadas del libro de Mónica Gonzalez), al pie de la cual aparece dicha arma, con una burbuja de aumento, que muestra claramente como la placa con la referida inscripción no se encontraba fijada en su culata, sino en su empuñadura. De aquella falsa consideración extraes la siguiente conclusión: “aparentemente, del fusil-ametralladora dedicado por Fidel Castro no salió ningún tiro el 11 de septiembre, ni el arma estuvo en La Moneda, al menos mientras Allende vivió. Desapareció ese mismo día, y nunca más se la ha vuelto a ver, aparentemente destruida –junto a todas las otras pruebas físicas de las armas y proyectiles que pudieron intervenir en la muerte de Allende- por orden del general Javier Palacios, siguiendo instrucciones de la Junta Militar”. En prueba de ello traes a cuento un nunca antes conocido, pero de ser cierto, extraordinario testimonio de Joan Garcés, según el cuál, “La metralleta obsequiada por Fidel Castro a Salvador”, como le ha confirmado Garcés a su amigo Victor Pey (el dueño del diario El Clarín), “nunca salió de El Cañaveral, siempre estuvo allí, expuesta en una pared del living”. Y en seguida agregas un nuevo dato: “La noche del 10 a 11 de septiembre, tanto Joan Garcés como el periodista Augusto Olivares pernoctaron en Tomás Moro. En la madrugada (4) se trasladaron a La Moneda, tras los autos que llevaban al Presidente y su escolta, armados cada uno de sus integrantes con fusiles ametralladoras AK S. Estos eran 20 o 30, según distintas fuentes, pero el arma obsequiada por Fidel Castro seguía en El Cañaveral.” Posteriormente observas: “Es cierto que La Payita, que vivía en El Cañaveral, al enterarse del Golpe bajó inmediatamente a Santiago, junto a 13 gaps, entre ellos su hijo, Enrique Ropert de 19 años, pero no pudieron llegar con sus armas hasta La Moneda. Se ignora si bajaban con el AK obsequiado por Fidel Castro. Fueron hechos prisioneros en la Intendencia, desarmados, incluido el hijo de La Payita, que hasta hoy permanece como detenido-torturado-desaparecido”. Y a continuación concluyes: “Así, en el mejor de los casos, la metralleta de Fidel quedó secuestrada en la Intendencia, aunque lo más probable es que “nunca haya salido de El Cañaveral”, como sostiene Joan Garcés. Pero desde la Intendencia o desde El Cañaveral pudo ser fácilmente trasladado ese AK a La Moneda, una vez concluida la batalla, disparar los dos balazos a la muralla, atravesando el gobelino, e inventar la fábula del “suicidio de Allende con el obsequio de Fidel” que propagandísticamente asociaba –y en forma subliminal- el final de la vía pacífica al socialismo con el castrismo”. Hasta aquí las citas de tu artículo. Continúe leyendo la II Parte: Continuación |
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