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Lunes 01 de Diciembre de 2008
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Argentina: "Todo cambió para que nada cambie"
por Lavaca (Argenpress)
viernes, 27 de octubre de 2006
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Argentina: "Todo cambió para que nada cambie"
Página 2
María Casariego es psicoanalista y querellante en la causa por la desaparición de su padre, que involucra al ex ministro José Martínez de Hoz: 'Hay tanto carnaval de los derechos humanos por parte del gobierno, que el efecto es contraproducente: genera cansancio y ninguna concientización real'. Desde el secuestro de ese padre que no aceptó convalidar negociados, hasta el de Julio López, Casariego habla sobre el vaciamiento cerebral, salir del miedo que paraliza, cómo resignificar la palabra que inventó Videla, desaparecidos, y lo que puede leerse en un espejo.

María Casariego es psicoanalista, madre, mujer movilizada por todo lo que significan los derechos humanos, alarmada por sus falsificaciones, y simboliza una curiosidad: es la querellante en la causa por la desaparición de su padre, Juan Carlos Casariego de Bel, español radicado en la Argentina y funcionario del ministerio de Economía en la época de la dictadura, caso que confirma de un modo inusual el verdadero sentido que tuvo la represión y el genocidio de aquellos años. Esa causa tiene como principal responsable al siempre recordado ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz y a algunos de sus súbditos en el ministerio, como el secretario de Programación Económica Guillermo Walter Klein. En una conversación con LAVACA María aceptó tocar estos temas, sus sensaciones actuales frente al caso de la desaparición desde el 17 de septiembre de Julio López, el rol de las empresas periodísticas en dictadura y ahora, el carnaval político, y qué significa salir del miedo que paraliza hacia la acción. Instrucciones para leer espejos, y entender por qué lo que pasa, nos pasa a todos.

- ¿Qué sensación le produjo la noticia sobre la desaparición de Jorge Julio López?
- Lo primero es que no es cierto que sea el primer desaparecido en democracia. Hay muchas víctimas, ha habido muchos crímenes. Para los familiares de desaparecidos fue muy fuerte lo de López, porque reactiva esa figura.

- ¿De qué modo?
 Para mí, de un modo que me hace pensar lo importante que es resignificar la palabra desaparecidos . No son desaparecidos. Mi padre no está desaparecido. Está asesinado. Y seguir usando la palabra es seguir usando el significante que usó Videla.

(Aclaración: Jorge Videla, militar condenado, presidente durante la dictadura, pronunció la siguiente frase en una conferencia de prensa: “Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”.) Esa palabra, desaparecidos, se usa como si fuera posible que aparecieran. Hay que reacomodar eso históricamente. Hubo asesinatos y personas responsables de esos asesinatos. Se sabe donde están, donde estuvieron, en otros casos no se sabe porque quemaron documentación. Pero no se los tragó la tierra.

- Pero el uso de la palabra ha tenido un significado fuerte.
- En el 76 valía por el lema de aparición con vida. En el 2006 no queda esa opción. Queda el castigo a los culpables. Por eso es importante resignificar la palabra desaparecido, por asesinado. Porque si no, nos quedamos esperando que aparezcan. Es uno de los temas para los familiares, el duelo de los desaparecidos es muy particular, una herida abierta todo el tiempo.

- Ocurre todo el tiempo.
- Eso, y además no hubo sentencias. Cuando mis hijos eran chicos metieron presos a algunos represores y les hice el versito de que las personas responsables del crimen de su abuelo estaban en la cárcel. Pero después vino el indulto de Menem. Y los chicos me decían: 'Mamá, los que mataron al abuelo están caminando por la calle'.

Y sí, todos caminan por la calle. Es la herida abierta todo el tiempo. Y va más allá de cualquier ideología. En algún momento pensé que si aparecen los culpables y se los condena, limpia no solamente a los familiares sino también a las mismas fuerzas.

- ¿Le parece?
- Sí, hay gente que comparte una ideología pero no un estilo. No cualquiera con esa ideología mata, asesina, roba, viola, tortura.
Por eso lo pongo más allá de lo ideológico. Aquí hubo un vaciamiento del país, y en ese vaciamiento hubo gente de todos lados.

- ¿En qué situación está pensando?
- Hubo pactos de todos lados. Cuando se habla de los dos demonios parece que se habla de dos demonios delimitados. Pero a veces se unieron. Se vació el país con ideologías de derecha, y también de izquierda. El pacto Firmenich - Massera, por ejemplo. ¿Cuánta gente cayó a partir de eso, a cuánta gente se entregó? Fue un pacto con costo humano. (Aclaración: María se refiere al posible acuerdo secreto entre el genocida Eduardo Emilio Massera, almirante ya condenado y Mario Firmenich, jefe del grupo Montoneros, para apoyarse mutuamente en plena época dictatorial)

- El gobierno venía presentando la situación en materia de derechos humanos como un éxito, un paraíso que se esfumó con la desaparición de López.
- Primero, que no hay ningún paraíso. Se empezó a plantear el tema de los derechos humanos con fines políticos un poco menos importantes que lo que realmente importaría como derechos humanos. Pero el aparato represor no se tocó en lo más mínimo. ¿Cómo no va a seguir desapareciendo gente si están los mismos en los mismos lugares, o en lugares diferentes pero con otro ropaje? Para mí cambió todo para que no cambie nada.

- En ese caso, no se puede hablar de 'resabios del pasado'.
- No, porque no se rompió nada. No son pasado, están ahora. Esa es la herida. No es que hubo gente que cometió asesinatos y espantos y está presa, sino que forman parte de la sociedad, están en la patria financiera, en los negocios, en la seguridad.

El negociado de la Italo

María sostiene que la desaparición de Julio López logró el objetivo de instalar el miedo.
- En mi casa, mis hijos entraron en pánico. 'Mamá cuidado, cuidado'. Son chicos que no vivieron todo este proceso, pero empezaron a decir 'no te arriesgues'. Un día una de mis hijas estaba en pánico porque no sabía donde estaba yo. Ese es el efecto del terror, el terror sin nombre, que es un estado de pánico. No te dicen nada y te dicen todo. No está en ninguna parte sino en todos lados, la sensación es que estás en riesgo todo el tiempo. Yo aclaro que yo generé en su momento una cosa reactiva porque en el 77, cuando desapareció mi viejo, participé en todo lo que te puedas imaginar, como diciendo 'que sea lo que sea'. Nunca sentí miedo yo. Jamás. Pero creo que porque estaba más allá de todo, y si lo llegaba a sentir, no me iba a poder mover. Moverse ahora es una cosa, en el 77 era otra.

Año 1977. Juan Carlos Casariego del Bel era un español de 54 años, radicado en la Argentina, funcionario de carrera. María: 'A mi viejo querían echarlo del ministerio cuando fue el golpe del 76, pero para hacerlo tenían que justificarlo, prontuariarlo. Al final le ofrecieron un cargo como para que no lo aceptara, el de Director de Inversiones Extranjeras. Pero era el único ingreso de la familia, y él aceptó el cargo, con una cuestión bastante idealista de poder hacer algo. El no era un militante, pero tenía una ideología socialista. En casa contaba los negociados que veía, que no iba a firmar tal o cual cosa. Habló muchas veces de la Italo. Decía que había un desfasaje de plata infernal, que él no iba a firmar. Van a pasar sobre mi cadáver, decía. Y pasaron'.

En términos prácticos, la dictadura aceptó pagar por la Italo casi 395 millones de dólares para estatizarla. El precio era absurdo por lo alto, y además la sola compra iba contra todo el programa liberal y antiestatista del gobierno. El propio Martínez de Hoz era director de la empresa, y buena parte del equipo económico tuvo relación interesada con la transacción que se realizó en 1978. Casariego, según diversos testimonios, se oponía a firmar un trámite ostensiblemente irregular.

El 15 de junio de 1977 llamó a su casa avisando que llegaría tarde porque tenía una reunión con Guillermo Walter Klein. Nunca más apareció.

El silencio de la prensa

María: 'Cuando papá desapareció fue muy loco: era un funcionario del propio gobierno, cuando la política era la de una guerra contra la izquierda'. Los Casariego sabían lo que ocurría en el país. Tenían un familiar perseguido por la Triple A, conocían la situación de represión ilegal lanzada por el gobierno.

'Al caso de mi papá lo quisieron hacer pasar como un secuestro extorsivo. Estuvo en un centro clandestino que fue donde estuvo Perrota'. (Aclaración: Rafael Perrota era dueño del que fue uno de los mejores diarios de los 70, El Cronista. Fue secuestrado por el Ejército y ocultado en el centro clandestino conocido como COT- I Martínez, donde entre muchos otros estuvo también secuestrado otro periodista, el creador del diario La Opinión Jacobo Timerman).

En el caso de Perrota los militares pidieron un rescate a la familia de 85.000 dólares que se pagaron. De todos modos Perrota, maltrecho por los tormentos, terminó asesinado por sus captores.

En el caso de Casariego también hubo un pedido de recompensa. 'Pidieron un rescate - relata María- y dijeron que yo tenía que ir a un bar a buscar una prueba de vida que les exigía mi mamá. El bar era en Recoleta. Yo tenía 17 años. Tenía que abrir una tapa de luz y buscar una medallita de Galicia, de mi papá. No encontré nada, pero me mandaron a otro bar y ahí sí la encontré. Como mi padre era hipertenso, mi madre pedía que escribiera algo en un diario del mismo día, para confirmar que seguía vivo. Los amigos hicieron una colecta para juntar los 50.000 dólares que pedían. La tercera prueba de vida tuve que ir a buscarla a la estación Avellaneda, y me quedé muy mal. Era la letra de mi padre, pero se veía que estaba totalmente descompensado. Supe que era él porque en el diario había escrito el modo en el que sólo él me llamaba: Marujita, te quiero mucho'.

La familia ya estaba haciendo denuncias y presentando hábeas corpus, pedidos para que las autoridades dijesen si sabían algo de Casariego. María y su madre fueron a los diarios.

- ‘No aceptaban publicar el hábeas corpus. Mi mamá quería hacer una solicitada pidiendo a los secuestradores que le dieran a mi papá la medicación que necesitaba. Pero nos dijeron que no podían aceptarlo, porque había 21 temas que los diarios tenían prohibido tocar’.

- ¿En qué diario le dijeron eso, María?
- En Clarín. Mi papá era uno de los 21 temas que no podían publicar, según nos dijeron.

Miseria planificada

María Casariego tiene un diagnóstico: el silencio en el tema de derechos humanos, o la falta de una política coherente, representan un cáncer en el cuerpo social.

- ‘Hay un pedazo de historia que no responde a la verdadera historia. Fue muy loca la experiencia con un paciente que tiene ideología bastante de derecha, y no sabía de mi participación en estas cuestiones hasta que el tema salió en los diarios. Un día vino muy impresionado, y me dijo: 'Yo sabía que se habían hecho horrores, pero no que habían robado'. (Traducción: para este señor matar no era tan grave como robar). Hay un grupo que justifica las limpiezas ideológicas, pero desmiente y desconoce bajo qué efectos se hizo eso. O sea: cuando te hablan de Videla y Massera como los ejecutores, se miente. Porque fue un plan mucho más serio que eso y que sigue vigente’.

- ¿Sigue funcionando?
- Nunca cambió. la economía no cambió. Esa es la clave.

- Es la idea de Rodolfo Walsh en su Carta Abierta: que la verdadera explicación de los crímenes y la mayor violación a los derechos humanos era el plan económico que sometía a millones de personas a lo que llamó miseria planificada.

- Es que por eso hubo muchas maneras de hacer desapercer gente. Cuando Cavallo hizo un plan económico con 15 millones de argentinos afuera, también los hizo desaparecer. Hay muchas maneras de matar. A mi me impresionó mucho una carta de Haroldo Conti (escritor argentino que terminó también desaparecido) a Roberto Fernández Retamar (poeta e intelectual cubano) donde ya en 1976 cuenta que le dijeron que se cuide, va a haber muchas muertes, y 30.000 desaparecidos. Ya Conti tenía el dato. Eso muestra la planificación.
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