| La Construcción Ontológica de la Derecha Postmoderna |
| por Angel Morales Figueroa (Chile) | |||||
| jueves, 24 de agosto de 2006 | |||||
Página 1 de 3 [...] Lo contrario del pensamiento es el estado de adormecimiento de quienes reducen el mundo común a un mundo propio, esto es, a un mundo de meras sensaciones [...] Heráclito de éfeso, Fragmento 89 Invierno 2006 Para los críticos del sistema político actual, hoy parece ser un buen momento como para sentarnos a repensar la democracia que tenemos y por ende, la que queremos llegar a tener. De esta manera la democracia representativa comienza a cederle espacio a la llamada democracia participativa y en ciertos aspectos a lo que conocemos como democracia deliberativa. Esto conlleva a que los ciudadanos vayan alcanzando mayores niveles de formación socio-cívica con miras a los nuevos desafíos que una sociedad con aspiraciones democráticas como la nuestra nos presenta. En tal sentido, los principios del ser humano, los cuales emanan obviamente de su propia naturaleza en sociedad, se van transformando en el soporte central para la consecución de una Nación más justa, equitativa y libre, capaz de ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad real y concreta de realizar sus proyectos de vida, y disfrutar así del desarrollo social, material e intelectual necesario como para que puedan ser felices en esta vida. La pretensión de este artículo es poder llegar a abrir la discusión entorno a la construcción ontológica (1) de la derecha política de nuestro país, como así también el ofrecer un diagnóstico crítico de un “enfermo terminal” llamado Alianza por Chile. Para esto me basaré en diversos artículos y autores, e intentaré demostrar que se ha errado intencionadamente el camino hacia la conformación de una sociedad más libre, justa y democrática, optando por mantener las relaciones de poder y el mapa político actual que sirven solamente a los intereses de unos pocos. En definitiva, en este artículo lo que pretendo es ayudar a que los lectores se formen una visión integral sobre lo que es la derecha postmoderna chilena y sus actuales problemas valóricos. Como muchos de los lectores de este artículo sabrán, la constitución ontológica del mapa político chileno se gestó a partir de las ideas de grandes maestros de la economía, el derecho y la política. Sin embargo la dotación intelectual de una persona y su capacidad de raciocinio no aseguran que sus ideas vayan a estar en directa correlación con la búsqueda del bienestar social. Pienso al respecto en personajes como Milton Friedman, economista de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, quien ideologizó teóricamente el modelo económico neoliberal actual, sirviendo Chile como laboratorio indicado para probar las “recetas” económicas norteamericanas dada la crisis política de la cual proveníamos y el estallido financiero que detonó en nuestro país a inicios de la década de los ´80. Para ello se creó un nexo estratégico entre la Universidad de Chicago y la Pontificia Universidad Católica de Chile bajo el alero de algunos “próceres” de la patria como Sergio de Castro, Miguel Kast, Jaime Guzmán y el mismísimo Joaquín Lavín. Esto sin mencionar por cierto la gestación y posterior aplicación de aquél texto de cabecera de los tecnócratas de la época, denominado “El Ladrillo” (publicado en mayo de 1973), el cual se constituyó en la base de las políticas económicas del Gobierno Militar hasta el desplome de la banca nacional en 1982. Fue luego de este descalabre financiero que comenzaron a implementarse las políticas neoliberales provenientes del país del Norte, las que dieron paso al oscuro proceso de privatización de las empresas estatales a partir del cual se emprendió la construcción, en términos ontológicos, la derecha postmoderna en nuestro país (2). La Política en la Era Capitalista Como bien sabemos, en los ’80 el concepto de postmodernismo inundó con bastante éxito las aulas universitarias y las casas matrices de los medios de comunicación masivos. Aunque su aparición como fenómeno cultural fue anterior a los conflictivos años ’80, el postmodernismo alcanzó su cuota de mayor aceptación social en la década pasada, revolucionando el mundo del pensamiento, de las artes, la literatura, la cultura y hasta el propio mapa político de Occidente. En términos filosóficos, el postmodernismo se convierte en el paradigma del pensamiento “infértil”, de la ruptura con los llamados pensamientos fuertes que, como el liberalismo (y su derivado por antonomasia: el neoliberalismo) y el marxismo, constituyen sistemas de ideas que intentan abarcar la globalidad de la existencia social y humana en este mundo. Fue a mitad del pasado Siglo XX, en que el postmodernismo se transformó en un pensamiento de tipo inimitable, indesmentible e infranqueable, afianzándose así como la “nueva filosofía política” de la era contemporánea, realzando los incentivos perversos del mercado y convirtiéndose de esta manera en el principal soporte ideológico del neoliberalismo global. El pensamiento único se presenta de manera indirecta como sucesor umbilical del postmodernismo político occidental. La diferencia sustancial es que el pensamiento único es una ideología cerrada y totalizadora, la cual se autoafirma presentándose con la autoridad de lo indiscutible. Caído el muro de Berlín, no habría ya otra alternativa que la globalización capitalista y su puesta en práctica a escala internacional a partir de la firma del Tratado de Washington en el año 1949 (3). En relación a lo anterior, para el polémico y controversial docente de la Universidad de Chile, Carlos Valenzuela Yuraidini (4), en la historia de la humanidad se han gestado numerosas globalizaciones. La más extendida es la cristiana, pero también está la islámica, la judía, la hinduista y la budista. El materialismo gnóstico (religión muy poderosa, que se inicia con el racionalismo e ilustración francesa) generó dos globalizaciones que curiosamente nacieron juntas a mediados del siglo XIX: el Liberalismo (teorizado por Juan Calvino durante el Siglo XVI), y el Materialismo Histórico (elaborado por Marx Y Engels en el Siglo XIX) (5). Del carácter despótico de la democracia chilena Como algunos saben, uno de los más destacados estudiosos de la democracia chilena ha sido Felipe Portales (6), quien expone magistralmente en sus textos la idea de que la identidad republicana está plagada de fuertes características autoritarias, las cuáles son en su mayoría un legado de la conquista española. La violencia, el despojo, y la muy cuestionable superioridad del más fuerte, brotan de la institucionalidad política de Chile. La oligarquía nacional consolidó un régimen sociopolítico a su imagen y semejanza, el cual se fue perfeccionando paulatinamente durante más de un siglo, hasta 1958, cuando se proclamó la Ley de Cédula única, que además de establecer que en Chile existiría un sistema democrático, con sufragio universal, igual, secreto y libre, impediría que los patrones compraran el voto de sus trabajadores. Portales asevera a su vez que antes del año 1958, y bajo un ropaje democrático, teníamos en Chile una estructura fundamentalmente autoritaria, clasista y excluyente que comenzó a entretejerse a partir de la Conquista. Si bien hubo avances importantes en términos del buscar eliminar la autocracia nacional, en el siglo XIX se instauraría una República Oligárquica, a la cual luego se integrarían sectores de clase media hasta 1958. A partir de 1958, según Portales, se observa un crecimiento importantísimo de la izquierda y del centro, como por ejemplo la Democracia Cristiana. Sin embargo, lamentablemente estos partidos no lograrían estructurar una democracia plena porque básicamente se destruirían entre sí. Lo que culmina con el golpe militar de 1973, es un despilfarro histórico de sectores de centro-izquierda, que son incapaces de darse cuenta de los intereses comunes que tienen y privilegian la construcción de utopías, de modelos muy radicalizados, que lo único que hacen es servir a los intereses de la derecha que nunca, desgraciadamente, ha asumido los valores democráticos en Chile. Felipe Portales afirma tajantemente que la matriz social de Chile (que viene dada desde la época de la Conquista), es una matriz clasista, racista y común en América Latina. Pero que en el caso de Chile tiene características más notorias (propias de la guerra de Arauco), que generó una mentalidad bélica propiamente tal. Chile era un país muy remoto, donde se podían hacer actos infames sin que se tuviese control alguno sobre ello. En ese sentido, se genera una estructura injusta en términos sociales y una composición étnica sumamente traumática. Hay un mestizaje mayor que en otros lugares de América Latina, pero a la vez mucho más violento, mucho más agresivo. Esta contradicción entre la teoría y la práctica, que se manifiesta en que la ley se acata pero no se cumple, es una característica fundacional de la Conquista Española. Esto se expresa a lo largo del siglo XIX en una República Democrática, que en el fondo es una bella envoltura de una estructura muy autoritaria. Nuestro país siempre ha sido más ordenado que el resto de los países de América Latina, pero esta eficacia cívica tiene connotaciones muy negativas. Sin embargo, Portales sostiene que el desplome de ese breve periodo democrático, entre 1958 y 1973, permitió la reinstalación en nuestro país de los cónclaves autoritarios que históricamente nos han regido. La dictadura y sus mentores intelectuales establecieron el actual orden social en Chile, caracterizado por la represión (por sobre la educación), el confesionalismo político-religioso, la desigualdad económica, la falta de libertades individuales y la escasez de oportunidades. Dicho modelo ha sido perpetuado por la Concertación hasta nuestros días, materializado en la existencia de innumerables modos de control social, y la imposibilidad casi absoluta de poder romper para siempre las ataduras antidemocráticas de la Constitución que nos dejó como legado el Régimen Militar, lo cual no hace más que eternizar el término definitivo de la transición a la democracia y nos somete una vez a la concentración del poder en manos de unos pocos (7). En conclusión, para Felipe Portales, aún no podemos decir que nuestra democracia es un sistema sólido y bien constituido, puesto que hoy en día tenemos un modelo nominal-representativo. En términos de la Constitución, contamos con una Carta Fundamental despótica, opresora y abusiva, y todo un sistema en el plano económico, normativo y social que es básicamente el que nos dejó como herencia política el gobierno del Régimen Militar en Chile (8). Fin de I Parte Notas: (1) Del “ser”, y -logía. Ontología se refiere entonces a aquella parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales; Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Vigésima Segunda Edición, Versión Digitalizada para Internet, Año 2001. (2) Véase el libro de María Olivia Mönckeberg, El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, Ediciones B Chile, Marzo de 2001. (3) Basado en el artículo de Javier García, Globalización, Postmodernismo Y Pensamiento único, publicado en el folleto político ¿Qué es la globalización?, Julio de 1997. (4) Médico cirujano, Doctor en Ciencias Exactas, Profesor Titular de la Universidad de Chile de Genética, ética y Epistemología. Es Postdoctorado en Citogenética Teórica, París, Francia. Es investigador y autor de diversas publicaciones científicas y sociopolíticas no editadas de las cuales se han extraído las referencias hechas en este artículo. (5) Con relación al Liberalismo Clásico, según el mismo profesor Carlos Valenzuela, el “calvinismo” tiene algunos componentes gnósticos especialmente en relación con la esfera socioeconómica y política. La creencia de que la estratificación socioeconómica y la distribución de la riqueza son de origen divino (proveniente de la captación directa por la mente de los economistas), revela entonces lo que conocemos como la “voluntad de Dios”. Dado que los “calvinistas” creen en la predestinación, entonces el éxito económico es un indicador de elección divina (se revela la Providencia Divina, que es captada directamente por la mente humana). Como sabemos fueron sobre estas mismas ideas “calvinistas” que se fundaron el mercantilismo, el capitalismo, y el neoliberalismo global. (6) Felipe Portales es Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, autor de los libros “Chile: una democracia tutelada”, Editorial Sudamericana (1999); y “Los mitos de la democracia chilena”, Editorial Catalonia Libros (2004). (7) El profesor Carlos Valenzuela, parece concordar con las sentencias de Felipe Portales al haber expuesto durante una conferencia realizada en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile (el primer semestre del presente año), que: “El Problema de Chile es el de haber sido fundado bajo tres sistemas de obediencia que funcionan inexorablemente: el militar, el religioso y el patronal. Respecto a la educación hay que revisar, desde la Conquista y la Colonia, el enorme efecto que tuvieron las escuelas parroquiales y misionales para la sociedad, posteriormente de los sistemas socializados de influencia radical y autoritaria”. (8) Entrevista realizada por Juan Pablo Cárdenas a Felipe Portales, para el portal Web de la Radio Universidad de Chile (http://www.radio.uchile.cl), publicada en Agosto de 2004. Las referencias que prosiguen en relación a Felipe Portales también provienen de dicha entrevista. |
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